Alternancia: Un trabajo arduo y en equipo

A pesar de que todos queremos regresar a nuestra amada Alma Mater, es pertinente pensar en la coyuntura mundial actual y actuar en consecuencia. Cuidar y cuidarnos, nuestra mayor responsabilidad.


Desde el inicio de la pandemia generada por el virus SARS-COV-2, cuya existencia causa la enfermedad que se ha denominado Covid-19, hemos pasado por muy difíciles momentos, no solo como ciudadanos del mundo, sino también como trabajadores, funcionarios y estudiantes de la Universidad del Valle. Las incomodidades y dinámicas que vivimos en nuestro nuevo día a día han generado un impacto mayormente negativo en el quehacer de la educación, y, aunque hemos sabido adaptarnos convirtiendo muchas de las dificultades en oportunidades de cambio, teniendo en cuenta las necesidades de cada equipo de trabajo y cada unidad académica de nuestra institución, aún quedan muchos retos que sortear.

Uno de esos retos, que ha generado una amplia discusión por estos días, es, muy puntualmente, la figura de alternancia para impartir las clases y realizar las labores regulares dentro de los 11 campus pertenecientes a Univalle. No es un secreto que se ha convertido, no solo en un inmenso desafío, sino también en una necesidad y una exigencia por parte diferentes sectores de nuestro estudiantado, trabajadores y empleados; se han generado incluso ciertas situaciones de conflicto, que la mayoría conocemos y que han marcado las últimas semanas, pero el proyecto de alternancia necesita mucho más que nuestras voluntades.

Desde la Vicerrectoría académica comprendemos el efecto y el sinfín de necesidades que ha generado la contingencia en nuestros estudiantes, empleados y trabajadores, tanto en lo económico, como en lo emocional, lo académico y lo laboral. El deseo de regresar a la normalidad es un sentimiento colectivo, pero la propuesta de alternancia no corresponde solo a una directriz que se imparte sin ninguna preparación previa. Es un tema delicado, pues su implementación implica una gran responsabilidad, no solo institucional, sino también de todos los actores involucrados. De hecho, esta figura ya se está implementando en algunas unidades académicas y con funcionarios, y está planteada por fases; cada una requiere seguir medidas estrictas que buscan únicamente preservar la integridad física y la salud de nuestros estudiantes, trabajadores y docentes (y en extensión, las de sus familias).

Hay una fase Logística, en la que se planean y disponen aspectos que van desde la ubicación espacial de los grupos asistentes, hasta los elementos sanitarios requeridos en cada jornada de presencialidad; a su vez, se moviliza para ello el personal de Salud Ocupacional que se encarga, entre otras, de llevar a cabo con los grupos asistentes al campus todo el proceso educativo -capacitaciones-, de sensibilización y preparación frente al Covid-19 y hacer la entrega de suministros de protección. Toda persona que ingrese a las instalaciones de la Universidad, debe cumplir con absolutamente todos los protocolos de seguridad, estar afiliada a una EPS o su equivalente, además de llenar los formatos que cada unidad académica requiera. Sólo cuando la logística esté en regla, podrá fijarse una fecha de asistencia e ingreso a la institución; más aún, todo el proceso hace parte de un Manual de Bioseguridad que se ha ido creando, pues las directrices y acciones frente a la alternancia están en constante revisión por parte del equipo de Salud Ocupacional y no menos importante: por las autoridades territoriales y nacionales, quienes tienen a su vez una estricta normatividad que una institución como la nuestra debe cumplir por completo y a cabalidad.

En las fases de revisión y ajuste, el equipo de Salud Ocupacional y las directivas evalúan todo el desarrollo del proceso de alternancia y se hacen los cambios a que haya lugar en función de mejorar todas las acciones; ello permite mantener los riesgos de contagio al mínimo. Por supuesto, no se cuenta solo con las directrices de manual para que la figura sea un éxito, sino también con cada una de las personas que ingresan al campus, su diligencia y responsabilidad social. De esta manera hemos podido realizar la apertura de espacios para prácticas estudiantiles, como se ha realizado hasta ahora con estudiantes de las facultades de Salud, Ingeniería y Ciencias Naturales y Exactas, y estudiantes de Teatro, Danza y Música de la Facultad de Artes Integradas.

Dicho esto, el proceso de alternancia no puede tomarse a la ligera y, menos aún, concebirse en proporciones generales para todos los estudiantes y trabajadores, sin pensar en una implementación escalonada y consciente que nos mantenga al margen de contagios a todas las personas involucradas en él. A su vez, siempre cumpliendo las directrices y la normatividad establecida por las autoridades municipales, departamentales y nacionales, la Universidad del Valle continuará avanzando en el retorno gradual a la presencialidad en todos sus campus, bajo los más estrictos protocolos.

Invitamos a toda nuestra comunidad universitaria a tomarnos de la mano en estos tiempos difíciles. Univalle seguirá siempre firme en su compromiso de apoyo a todos los miembros de la misma, en especial a aquellos que más lo necesitan.

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